El primer mandamiento de la responsabilidad social

No es fácil responder esta pregunta. De alguna manera los 10 mandamientos de la Ley de Dios tienen entre ellos el mismo peso, salvo el primero que a las claras es el más
importante. Cuál es el acto de responsabilidad social más importante de una empresa?. Su compromiso con los trabajadores, con la comunidad vecina, con sus accionistas o
con sus clientes? Cuál es el acto de responsabilidad social más relevante de una ong? Su relación con los donantes o con su grupo objetivo de impacto? Cuál es el de una
dependencia pública, de una comisaría, de una posta médica, de un juzgado civil, de una universidad, de una escuela, de los medios de comunicación, de los trabajadores
en general?

Con esta novedad de identificar grupos de interés -los llamados stakeholdersreconocer sus percepciones y preocupaciones, establecer procesos de diálogo, explicitar compromisos, verificar cumplimientos y andar por varios procesos más, podría ocurrir que se cumplen todos los mandamientos de la responsabilidad social, pero termine descuidándose el más importante: hacer bien su propio trabajo. Esa reflexión se la escuche hace algún tiempo en una exposición a Carlos Lozada Mendívil, activo miembro del Comité ISO 26000 Perú, y hoy más que nunca se percibe su absoluta relevancia.

Sacando algunas lecciones del descalabro financiero mundial de las últimas semanas, parece que muchos pasaron por este descuido. Grandes bancos de inversión,
intermediarias de hipotecas y aseguradoras, acompañados de evaluadoras de riesgo y de reguladores venían desplegando con entusiasmo una serie de valiosos esfuerzos de
responsabilidad social corporativa. Basta ver sus respectivas páginas web donde daban cuenta de programas a favor de los discapacitados, de la educación, de la salud,
del medio ambiente, etc. Sin embargo, todos cayeron con su cuota de responsabilidad en el aterrizaje financiero más desastroso de las últimas décadas. Bancos
sobrevendiendo hipotecas, calificadoras de riesgo asignando triple A a hipotecas subprime, intrumentos financieros derivados sin control, reguladores en siesta, en fin.

Los resultados en los Estados Unidos (según RGE Monitor) son conocidos: pérdida del valor inmobiliario de 28%, reducción del índice bursátil del 39%, 16 millones de
propietarios con pérdida de capital inmobiliario. Visto de otro modo, si usted tenia 1000 dólares invertidos en Freddie Mac, AIG, Fannie Mae o en Lehman Brothers, hoy tiene 33, 20, 6 y 3 dólares respectivamente. La profundidad y duración del daño a ahorristas, jubilados, trabajadores, inversionistas, empresas y ciudadanos en general no será compensado en un ápice por todos los esfuerzos de responsabilidad social que estas hayan desplegado hasta entonces ni el acumulado de los próximos 10 años.

El pecado de incumplir el primer mandamiento resulta mucho más grave que incumplir los nueve restantes. Y ese pecado fue no hacer bien su trabajo, no ser responsables
con su propio objetivo de negocio. Su misión era proveer crédito y cuidar la salud de las colocaciones y del sistema, pero entraron masivamente a una espiral negativa que a
pesar de las señales de alarma nada se hizo por evitarlo.

George Soros, uno de los hombres de finanzas más espectaculares del mundo, menciona que siempre tomó distancia de estos los instrumentos derivados “porque en
realidad no entendemos como funcionan.” Warren Buffett, el llamado príncipe de las inversiones norteamericanas hablaba hace cinco años de estos como “armas de
destrucción masiva potencialmente letales.” Simplemente ejercieron responsabilidad.

Ya se advierte que la recuperación de la crisis no dependerá de las mega inyecciones de capital sino principalmente de la confianza. Alguien señala que que ese dinero
puede salvar Wall Street, pero no “Main Street”. El problema pretende ser resuelto por las mismas personas que le dieron origen pero no hay certeza que estos artífices de la
crisis tengan la capacidad de resolverla. No hay seguridad que vayan a hacer bien su trabajo. Quizá eso explique porque el salvavidas financiero ofrecido por los gobiernos
no haya impedido que las bolsas sigan cayendo.

Es clave entonces no perder de vista esa primera regla. La posibilidad de ser socialmente responsables con los trabajadores, con los proveedores, con los clientes,
con el medio ambiente o la comunidad presupone que se ejerce responsabilidad en el propio objetivo empresarial. Sólo puede contribuir a la sostenibilidad del entorno aquel que es sostenible en sí mismo. Sólo logra ser responsable con los demás quien lo es consigo mismo. Existe ciertamente una tasa natural de mortalidad en el mundo
corporativo –unas empresas van bien, otras quiebran- pero incluso se puede “morir en responsabilidad”, alcanzando la vida eterna en el más allá y el reconocimiento en el
más acá.

 

 

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