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Quedé doblemente sorprendido al ver esta película. Primero por la tecnología del cine llevada como dicen los críticos a un nuevo nivel. Segundo por el modo cómo el argumento es construido en base al supuesto comportamiento de las empresas cuando no hay quien los vigile.

La película exhibe las decisiones absolutamente inmorales de una corporación minera de gran escala que opera en Pandora, un planeta en donde las regulaciones socioambientales no le alcanzan. Entonces dado que los esfuerzos del área de relaciones comunitarias de la empresa para reasentar voluntariamente a los locales (los Na´vis, cuya casa está justo sobre el pit) no van a la velocidad del cronograma del proyecto, mandan a su tropa privada (casi todos chicanos, salvo el jefe y otros pocos) para apurar el trámite. Por supuesto que les va muy mal y no le cuento el final para que se anime a ver la película.

Curiosamente siendo una película futurista, el planteamiento es regresivo. El mañana se muestra con desarrollos tecnológicos inimaginables, pero con una conciencia social y ambiental cercana a cero, justo lo contrario a la evolución que se espera en los ciudadanos, empresas y autoridades hacia una conciliación entre el naturaleza y el desarrollo. Digo se espera pues Madoff y Copenhague nos recuerdan que el trecho es largo aún.

Pero el punto es que cada vez será menos probable encontrar una empresa minera de gran escala que se permita tal desempeño aprovechando que en la zona de operación no hay regulaciones y autoridades que protejan el medio ambiente y a las comunidades. La creciente consigna ética y la responsabilidad social tiene cada vez más candados de gobierno corporativo, exigencia de transparencia, vigilancia por parte de accionistas, medios de comunicación y grupos de interés.

Justamente una disposición de la próxima norma ISO 26000 –el futuro estándar de Responsabilidad Social- establece algo que sería perfectamente pertinente en Pandora: allí se aplicarían las regulaciones internacionales de protección ambiental o de las comunidades, aún cuando no exista enforcement de las mismas. La norma ISO señala que no vale aprovecharse de regulaciones laxas offshore para hacer allí lo que no se puede hacer en el país donde domicilia la matriz. Y no es que la ISO haya inventado esta idea, la ha recogido del consenso internacional entre empresarios, gobiernos, ongs, trabajadores, universidades y consumidores.

No se si el director de la película James Cameron esta interesado en ganarse el apodo de “ecoguerrero de las galaxias” -que ya le concedió un diario francés o las simpatías del presidente Evo Morales declarado Héroe Mundial de la Madre Tierra por la ONU el año pasado – que se sintió identificado con el film al reflejar la resistencia al capitalismo y la lucha por la defensa de la naturaleza. Creo que está bastante más interesado en asegurar una tasa de retorno a la inversión realizada  en la película pues gastó bastante en ella (es la más costosa jamás realizada) pero también la que más ingresos ha generado. Pero sí parece claro que su combinación de talento y talante crea efectos especiales que impactan en tanto en retinas como en conciencias.

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